La película intenta reconstruir la quiebra del Banco Ambrosiano y sus lazos con el Vaticano y la Masonería, a través de la historia de su último presidente, Roberto Calvi, que ocupó el cargo en lugar del financiero Sindona, que había caído en desgracia. Calvi transfirió el control del Banco a compañías extranjeras, creando una inmensa deuda debido a transferencias secretas. Perseguido por los jueces y los inspectores de Hacienda, que descubrieron sus manejos, Calvi intentó de manera desesperada evitar el colapso financiero utilizando diferentes trucos, como un intento de suicio o sobornos a los jueces. Tras escapar ilegalmente a Londres, fue encontrado muerto colgando del puente Blakfriars en junio de 1982.