En la Catalunya de los años 50, en un verano especialmente caluroso, Sor Consuelo decide llevar adelante el proyecto de transformar el destartalado y casi inútil hospital del pueblo en un moderno asilo de ancianos. Para financiar este proyecto, visita a un rico terrateniente, Augusto Aixelá, un señorito de campo con fama de mujeriego. Este, a quien hace gracia la determinación de la monja, decide ayudarla. Sus continuos encuentros provocan una proximidad que derivará en una atracción pasional y tormentosa cuyo recuerdo perdurará hasta el final de sus días.